Publicado: 19 de Marzo de 2020

“Hace muchos muchos años, por allá por el 2020, existía una sociedad humana en un precioso planeta llamado Tierra, que no sabía reconocer la belleza de la 
naturaleza, de su naturaleza, pues ellos no lo sabían aún, pero en realidad eran lo 
mismo. Consumían casi únicamente cosas que salían de una pantalla, hasta compraban 
con una cosa llamada dinero, del que no todos disponían, y que era indispensable para 
obtener comida, agua, una casa... si si, lo que oís, ¡e incluso algunos niños creían que 
los huevos salían del súper (un lugar donde la gente pagaba la comida con ese dinero)!

Estaban tan ocupados ganando dinero para comprar cosas (algunas necesarias como la comida y otras muy raras...) que no hablaban casi nunca con nadie, no cuidaban 
de sus niños, y daban dinero a otros para que lo hicieran, normalmente mujeres...no sé 
por qué... No tenían ni idea de cómo funcionaba su planeta, de cómo mantenía el 
equilibrio perfecto para que ellos pudieran vivir en él. No entendían a los árboles, ni a 
los animales...ya os decía que no hablaban ni entre ellos, así que mucho menos 
intentarían comprender el lenguaje de los demás reinos.

Un día, un virus extraño, traspasó de los animales a los humanos, y empezó a infectar a miles de personas, tan rápido que no les daba tiempo a atender a todos al 
mismo tiempo...así que les obligaron a quedarse en sus casas, casi sin salir, para evitar 
al máximo los contagios. Sólo se les permitía salir para ir a los supermercados que os 
decía antes, para poder comprar comida, ya que no sabían cómo producirla ellos 
mismos. Quizá este encierro fue lo más duro para ellos...pues nunca habían tenido 
tiempo de estar consigo mismos... y lo más raro de todo es que tampoco lo habían 
buscado, pues les aterraba enfrentarse a la pregunta ¿quién soy?

Pasaron cosas muy bonitas entonces, empezaron a unirse, a comprender la importancia del contacto con los demás, del sentido de comunidad...Superaron el 
encierro, el aislamiento gracias al conjunto, a la compañía en la distancia, pero también 
tuvieron tiempo de estar con ellos mismos, de reflexionar, de mirar la vida sin prisas.
Vieron por primera vez a sus parejas, a sus hijos, a los pajarillos que cada día se posaban 
en sus ventanas y hasta pudieron oírlos cantar al parar el ruido que azotaba 
constantemente sus poblados. Echaron de menos los árboles, las montañas, el mar, la 
tierra, el aire fresco... 

Se dieron cuenta de que sus vidas dependían absolutamente de un modelo que los hacía totalmente dependientes (del dinero, de los supermercados, del trabajo, de 
los aparatos electrónicos), los hacía inútiles, no sabían hacer nada por ellos mismos. Así 
que comenzaron a envidiar a los que sabían el lenguaje de los árboles, de los animales 
y de la tierra, ¡pues ellos tenían todo! Su encierro no era tal, porque vivían rodeados de 
lo que los demás llamaban “lo otro”, y veían cómo los ritmos y ciclos de la naturaleza 
no paraban... arreglaban su tierra y preparaban todo para las plantaciones del calor. 
Sabían cómo iría la cosecha en función del lenguaje de los otros seres, de “lo 
otro”, pues siempre les daban señales para saber si la temperatura era la adecuada, si 
se había o no adelantado en función de las migraciones de las aves etc...sabían leer las 
señales, sabían leerse a ellos mismos.

Todo acabó, algunos no tuvieron la oportunidad de seguir adelante, pero formaron parte de la tierra y del humus, que ayudó a los que quedaron a que sus 
semillas germinasen, comprendiendo que sólo hay vida, vida real, si comprendemos el 
ubuntu, el todos somos uno, somos lo mismo, si ellos ganan, tú ganas...y ganaron... 
Lo llamaron el virus del Ubuntu, por que extendió por todo el planeta la unidad, 
la humildad, y el cuidado de los demás seres como de uno mismo.”

Uy ya es muy tarde hijos, mañana mamá os contará cómo fue a partir de entonces la vida de esta civilización y de su planeta, pero ahora a descansar que por 


la mañana vamos a aprender a hacer pan mientras mamá descansa un ratito, que hoy 


me ha tocado a mí! 



¡Hasta mañana pequeños!


Vanesa López

Psicología Sanitaria y Jurídica

Terapia psicológica online