Las relaciones amorosas de pareja, así como las familiares, constituyen uno de los temas que más aparece en consulta.

La intimidad que se establece con la pareja que elegimos (o que creemos elegir) permite la experimentación de una gran cantidad de sensaciones y vivencias, en muchos casos de alta intensidad, pero a su vez, este compartir también implica cierto grado de conflicto. Quizá la pregunta sería, cuál es el nivel de conflicto aceptable y cuándo se debe pensar en poner solución. Pues bien, no existe una única respuesta, al igual que no existe un único tipo de pareja, por lo que simplemente es cuestión de pararse, reflexionar y considerar si este nivel de conflicto os crea sufrimiento.

Es tremendamente común terminar por adaptarse a aquello que nos hace sufrir sin darnos cuenta. Avanzamos, dejamos pasar los días y por unas razones u otras, llega un momento en el que se mira hacia atrás y uno (o ambos) se preguntan: ¿cómo llegamos a esto?, ¿en qué momento decidimos que esto era suficiente?

Somos seres relacionales, sociales, y por tanto las relaciones suponen una parte muy importante de nuestra formación como sujeto único, razón por la cual debemos cuidarlas, y como mínimo, prestarles interés.

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