El miedo a ti…

Durante bastante tiempo he lanzado una pregunta que creo que puede ayudarnos a nosotros, los psicólogos, a comprender las razones del por qué habiendo tanto sufrimiento psicológico, las personas aplazan continuamente la decisión de marcar el teléfono de ese psicólogo que le recomendaron, o el de la tarjeta que le llamó la atención y que aunque no llama, siempre lleva guardada en la cartera…cerca, por si acaso…

Y es que andamos en un mundo que aún trata la salud mental en términos de estar loco o no…pero lo cierto es que va mucho más allá de esta dicotomía. Quizá, y muy probablemente, somos nosotros los que tenemos la responsabilidad de trasladar nuestra profesión a la calle, de darle voz, una voz más cercana a la realidad, aunque con la subjetividad con la que cada uno la vive como individuo singular y único.

En los últimos días he tenido la oportunidad de ser invitada a varias reuniones de BNI: Business Network International ( para quienes no lo conozcan, es un espacio dedicado al intercambio de referencias profesionales), con motivo de la investigación en la que me encuentro inmersa actualmente.  En una de ellas, durante mis 60 segundos de presentación, hablé de mí y mi profesión, pero también la puse en práctica al lanzar esa pregunta a modo de reflexión a la audiencia que allí había. Era sencilla, pero importante, al menos para mí, y decía así: “cuando tenemos una arritmia, vamos al cardiólogo, al médico de cabecera cuando estamos resfriados, al fisioterapeuta cuando nuestros músculos se quejan, sin embargo, ¿por qué cuándo nos sentimos tristes, abatidos o perdidos, nos cuesta tanto acudir a un psicólogo?”

Sé que el factor cultural existe y ese miedo a ser catalogados de locos, débiles etc, está ahí, sin embargo hay algo más…Al terminar la reunión un señor se acercó a mí y con una mirada que delataba una experiencia mucho mayor que su edad (no demasiado avanzada), me respondió: “porque tenemos miedo a ver lo que hay dentro de nosotros mismos”… y así es, nuestra mente es tan potente como queramos, nos puede destruir (y no sólo psicológicamente) o nos puede sacar a la superficie, y eso da miedo. Da miedo porque supone incertidumbre, es desconocido. A veces resulta más fácil acomodarnos a la seguridad que creemos que nos da llevar siempre un Orfidal cerca… o una tarjeta que nos recuerda que algún día tendremos que mirar ahí adentro, pero como cada día, hoy no será… o si…¿abrimos la puerta?


Vanesa López

Psicóloga en Murcia

Publicado: 13 de Enero de 2017