¿Sabéis las cinco claves para superar el miedo a volar? ¿Y las cuatro pautas para educar a tus hijos correctamente? ¿Y qué me decís de los diez secretos para afrontar tu depresión?

¿Queréis saberlos? Siento deciros que no existen…

Hoy toca un poco de autocrítica devuelta en forma de esperanza a nuestra profesión, la psicología. A lo largo de la licenciatura se hace mucho hincapié en tener claro que la psicología no actúa a modo de varita mágica “arregla-todo”, que requiere un tiempo, que suele ser superior en la medida en que se pretende un cambio de mayor envergadura y, por tanto, más profundo. Sin embargo, me sorprende la cantidad de escritos y noticias que me llegan desde diferentes medios en donde, normalmente psicólogos, dan esas cuatro claves para el éxito en algún ámbito.

Pues bien, reduzcan revoluciones, párense y bájense de tal ilusorio. Este tipo de titulares no es más que un reclamo hacia el potencial paciente (es decir, es una meta alcanzable, pero para convencerlo se muestra de un modo fácil, accesible, rápido), derivado de nuestra propia necesidad de acercarnos al modelo médico de recetas y de soluciones rápidas, debido a la angustia que experimentamos ante la necesidad de proporcionar una solución aquí y ahora. Considero que el profesional de la psicología tiene el deber de mirar dentro de sí y encontrar el modo de no angustiarse por no recetar o solucionar la vida de nadie en cinco minutos o con cuatro pautas. El modelo médico ya está ahí y es indudablemente necesario, pero el nuestro no es ese, y no por ello debemos restarle importancia. De hecho, a mi entender, ambos deberían ser uno, ya que una cosa no funciona sin la otra y viceversa.

Los demandantes de recetas médicas de vida se nos presentan en consulta cada día, con cada nuevo paciente hay que trabajar la espera, el concepto de caminar despacio pero con paso firme. Y aunque hay muchos factores culturales que fomentan este ansia por sanar de manera inmediata, no debemos olvidar que en cierto modo, también eso es lo que nosotros los psicólogos vendemos en muchos casos.

El ciudadano es libre de tomar su propia decisión, de posicionarse y ponerse a él y a su tratamiento en primer lugar o como algo secundario. Él decide, nosotros respetamos y a partir de ahí se trabaja o no. No se trata de convencer a nadie de nada.

A vosotros, los lectores no psicólogos, os digo, hay mucho potencial en la calle, muchos profesionales de la psicología honestos, profesionales y con ganas de dar lo mejor de ellos con cada uno de sus pacientes. Confiad en ellos, y cuando os sobrevenga la prisa por resolver, deteneos a pensar si alguna vez los grandes cambios fueron rápidos…

Yo, personalmente, no creo en las soluciones milagrosas en el campo de la psique, no sólo porque se requiere un tiempo para la maduración de las ideas de nuestros modelos de actuación para así poder cambiarlos, sino porque aunque los protocolos pueden ser muy útiles, en cierta medida también masifican, haciéndonos indistinguibles, fusionan a todos y todos no somos uno. El trabajo en consulta debe ser creativo, reinventado de nuevo con cada paciente, ya que sus miedos, sus tristezas y en definitiva su historia, es como el ADN: es única y exclusivamente de él.

No existe un libro con las soluciones a nuestros problemas, aunque sí la capacidad de escribir cada uno el suyo, hecho a su medida, a semejanza de su particular ADN.


Vanesa López,

Psicólogo en Murcia, consulta psicoterapia en Murcia

Publicado en: http://www.lacronicadelpajarito.es/blog/vanesalopez/2017/02/diez-mandamientos-no-escritos

Publicado: 27 de Febrero de 2017